10 dic. 2011

Soneto imperfecto IV

Un simio sentado frente a su ídolo
murmura entre dientes oraciones viejas
que son los tabiques, el cemento y las tejas
que construyen la morada del símbolo

donde habita, temeroso y frívolo,
implorando piedad sepultado en las rejas
(postura de cordero, mirada de oveja)
a un parricida de instintos carnívoros.

El mono se yergue y le crecen pulgares
levanta acueductos, engasta collares,
desentraña el cielo e intuye de ser hombre la maravilla,

aunque siga levantándose el domingo a las diez,
bajo la mirada inquisitiva del imaginario juez,
y se declare culpable de vivir de rodillas.


3 comentarios:

nat dijo...

declaro aquí mi fanatismo por tus sonetos. te los compro todos.

A Solas Con Lucía dijo...

Por un momento pensé que describías a un hombre...

Carlos Pérez Rueda dijo...

Vendidos!
No, no, ASCL (rollo SFDK), es un cacho mono. ;)