8 ene. 2012

la trabadora



Arrastras los pies por la vida, querida.
Por eso siempre estás cansada.
El polvo cubre tus zapatos,
cordones en peñascos atados entre sí.
Vas siempre con los ojos cerrados y la boca abierta,
tragando negrura, ondeando pestañas de nada.
Y tus brazos en cruz sobre el pecho,
como escudo de defensa, como premonición de ataúd.


Así no llegarás lejos.
Así no llegarás a ninguna parte.





A Carlos, porque el olor a vinagre es lo mejor que me ha pasado hoy. Gracias.