31 dic. 2012

Cuenta a cero


Peregrinación, cogidos de la mano, hacía el borde de esa costra formada durante un ciclo completo. Nos asomamos y celebramos la bonita herida acumulada.

Arrancar. Enterrar. Renovar.

Tú, sin pausa, has estado recolectando musas para hacernos con sus tripas un escudo. Yo aprendo a coser para engañar a las parcas; ahogarlas con su propio hilo si se acercan demasiado.

Clavaremos doce agujas en las yemas de nuestros dedos para hacer crecer el callo. Caricias ásperas para tiempos duros.

Soplar cenizas y tragar burbujas. Soltarte la melena, rodar hacía ninguna parte. Eh, chicos, pero no dejéis de rodar (si te quedas quieto serás un blanco fácil).

Ha llegado la hora; saca la escasa plata a relucir y barniza la trinchera para nosotros y los nuestros.

Hemos vuelto, nunca nos fuimos, estamos preparados para el siguiente asalto.

¿Quieres más? Yo sí quiero.