30 sept. 2010


Se me funden los fusibles de la casa del árbol.
El ritual de la quema de tostadas está totalmente instaurado.
Todas las sábanas manchadas de abatimiento que no se va ni con la mejor de las sonrisas.
Los insectos me muerden los tobillos para expulsarme del que ya es su nido. 
Las enredaderas y las hojas me han cubierto hasta las cejas.
Todo huele a ajeno, todo está herido de muerte.

Te llamaré Otoño.