El batir de alas, como forma de vida, no es mi especialidad .
Puntualmente, para impresionar, consigo hincharme y despego dejándome llevar por las mareas inciertas con el pico cabizbajo, la mirada perdida y el estómago lleno de tierra. Pero puntualmente y sólo para impresionar. Lo normal es limitarme a planear aprovechando corrientes de buena suerte, mientras rozo el polvo y las rocas destrozan mis extremos desplumados. Inerte y miedosa en un 97% de mi ser.
Soy un pichón cobarde, con rizomas en vez de alas, que adora el suelo y no alza demasiado el vuelo por miedo a que la larga caída termine mal.
A ver si me entero de una puta vez a qué tengo que temer. Que la muerte certera está en el (sub)suelo.

